Comunicar la muerte de una persona a menores.

Momentos complicados sin contacto social

La situación excepcional actual nos ha hecho cambiar nuestra forma de estar y experimentar el mundo, teniendo consecuencias que no esperábamos, provocando cambios en muchos ámbitos en nuestra vida como nuestras rutinas, hábitos, forma de relacionarnos, forma de ver a los demás, de estar en casa, etc. Incluida en estos cambios está la forma de actuar ante la muerte de un ser querido.

En estos días, muchas personas están falleciendo y/o fallecerán a causa del coronavirus, y también por causas ajenas al virus, como ciclo natural. La dimensión social de nuestras despedidas se ha visto eliminada, de forma justificada, para evitar males mayores. Los actos sociales a los que estamos acostumbrados a la hora de elaborar una pérdida (velatorios, ceremonias religiosas o rituales familiares…) son muy importantes para que el proceso de duelo sea normal y no se convierta en un duelo complicado. Sin embargo, el Estado de Alarma decretado y las exigencias sanitarias actuales han limitado en gran medida estas expresiones que validan el dolor y acompañan a las personas cercanas a la persona difunta.

 

Hablar de la muerte con menores

Si en una situación normal, en nuestra sociedad, ya es complicado para algunas personas hablar y hacer frente a la muerte con niños y niñas o adolescentes, en esta situación puede serlo aún más. Por eso, con esta entrada queremos hablar sobre cómo afrontar un duelo con niños/as y adolescentes.

La comprensión de la muerte y el proceso de duelo están muy determinados por la edad o el desarrollo evolutivo de cada niño o niña. Hay cinco elementos fundamentales que intervienen en la comprensión de la muerte y que van a ir cambiando con la edad.

La muerte es: 

• Universal – la muerte afecta a todos los seres vivos. 

• Irreversible – tras la muerte no se vuelve a vivir. 

• El cuerpo no funciona – tras la muerte el cuerpo deja de sentir dolor o placer. 

• Es incontrolable – la muerte no depende de nuestros pensamientos. 

• Final de la vida – tras la muerte no sabemos qué pasa, existe un gran misterio sobre la continuidad o no de otra forma de vida (creencias religiosas nos pueden dar otras respuestas a esta situación). 

 

Comprensión de la muerte – Hasta los seis años

  • No entienden la idea de universalidad de la muerte. Creen que ellas y ellos y sus seres queridos vivirán siempre.

  • Carecen del concepto de irreversibilidad: No existe el concepto de “para siempre”. En la infancia se cree que la muerte puede ser interrumpida igual que el sueño.

  • Creen que el cuerpo de la persona fallecida, de alguna manera, sigue funcionando, que puede sentir frío o calor, que puede oír, hablar…

  • Predomina el pensamiento mágico: el niño o la niña puede creer que una discusión o una conducta por la que se le recriminó, ha podido ser la causante de la muerte del ser querido. Del mismo modo puede pensar que deseándolo, puede hacer que su familiar regrese de la muerte. Esto puede hacerles sentir culpables de la muerte.

  • La muerte se relaciona con la vejez y la enfermedad. Por lo que si la muerte ha sido de alguien joven o de manera repentina, pueden activar nuevos miedos.

  • Puede que activen el miedo a acostarse, a la oscuridad o a quedarse en soledad. Sienten la angustia de la separación, les cuesta mucho separarse de sus seres queridos, temen que se produzcan otras muertes.

 

A partir de los seis años

  • Comienzan a cuestionarse si la muerte de otros o la suya propia es posible, aunque no será hasta más adelante, según algunos autores hasta los 11 o 12 años, cuando se produce una verdadera aceptación de la propia muerte y la de los otros.

  • A partir de los 7 años ya comienzan a tener claro el concepto de que tras la muerte, el cuerpo ya no funciona y que la muerte es irreversible.

  • Desaparece el pensamiento mágico. La comprensión de que sus pensamientos no son los causantes de la muerte o el regreso de alguien fallecido no se produce hasta la edad de 6 a 7 años, aproximadamente.

  • Sigue manteniéndose a estas edades una enorme curiosidad, una necesidad de razonarlo todo, de buscar explicaciones a todo lo que sucede.

 

En la adolescencia

  • La comprensión de la muerte y la elaboración del duelo es similar a la de una persona adulta y también lo son sus reacciones, si bien las emociones las viven más intensamente.

  • Tienen un gran interés por lo que sucede tras la muerte, si hay o no vida tras ella…pueden cuestionarse sus creencias sobre el asunto.

  • La adolescencia es una etapa de cambio y transición hacia la independencia del mundo adulto por lo que en la relación con sus padres y madres hay más conflictos. Esto puede ser el origen de sentimientos de culpabilidad si ocurre la muerte de uno de los progenitores o personas cercanas.

  • Son conscientes de su propia muerte y pueden fantasear con ella, e incluso puede aparecer la idea del suicidio como una salida a su sufrimiento o a los problemas ocasionados por la pérdida.

  • Es frecuente que no quieran compartir con las personas adultas las emociones derivadas de la pérdida, por considerar que no necesitan de los demás, o por no querer mostrarse vulnerables ante ellos.

  • No quieren ser diferentes de sus iguales. Temen que, si tras la pérdida de un ser querido expresan su dolor, se interprete como un signo de debilidad o no vayan a ser comprendidos por sus compañeros.

  • Este tipo de situaciones pueden suponer que el o la adolescente renuncie a vivir su propio duelo.

  • Después del fallecimiento tenderá a ensalzar las cualidades del ser querido fallecido, olvidándose de otros aspectos no tan agradables o más conflictivos, que poco antes de la muerte constituían la base de una crítica intensa.

  • Se pueden sentir presionados para comportarse como personas adultas.

 

 Cómo comunicar la pérdida

Cuando nos planteamos comunicar a un niño o niña la pérdida de un ser querido, es importante determinar quién, cuándo, dónde y cómo lo va a hacer; qué comunicar y también evitar expresiones que no ayudan:

Quién: Preferiblemente el padre y la madre o el familiar más cercano: una persona emocionalmente próxima o significativa para el niño o niña.

Cuándo:  Inmediatamente o lo antes posible.

Dónde: Lugar tranquilo, silencioso y seguro (lo más conocido posible para la o el niño) Cómo: Utilizando un contacto físico apropiado. Evitando eufemismos, metáforas: “se fue a un sitio mejor”, “se fue a otro mundo”… De forma clara. Sin demasiados detalles ni explicaciones abstractas. Tono de voz cálido. Compartiendo sus emociones. Interesándose por sus sentimientos y pensamientos sobre lo sucedido. Preguntando por sus dudas.

Qué comunicar: Cuando se comunica la noticia hay que intentar transmitirles que la muerte le afecta a todo ser vivo, qué es lo que la ha producido, y asegurarse de que no se sientan culpables por la pérdida. El hecho de comunicárselo adecuadamente ayuda a que vayan elaborando el duelo, y puedan participar de la socialización que se hace mediante los rituales. Lo que se transmite ha de ser coherente con las creencias de la familia. No es buen momento para hablar de Dios o de otros aspectos si no forman parte de su cultura familiar. Por supuesto, si sí lo hacen, es buen momento para transmitirlos y reforzarlos.

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